Minería de criptomonedas, energía hidroeléctrica y una pregunta que las autoridades tendrán que responder

¿Acaso Puebla se está convirtiendo en la cuna del huachicol eléctrico? ¡Es pregunta!

Pero los números, los antecedentes y la geografía empiezan a justificar que la pregunta sea tomada con seriedad.

El 6 de septiembre de 2026, la Fiscalía General de la República, la Secretaría de Marina y la Secretaría de Seguridad Pública Estatal aseguraron en Tlaola, Puebla, un inmueble presuntamente utilizado para almacenar y operar infraestructura destinada a la minería de activos virtuales.

De acuerdo con el comunicado oficial, fueron localizados aproximadamente 300 equipos de cómputo especializados identificados como GPU, un transformador de pedestal, alrededor de 80 terminales de media tensión y 8 antenas de internet satelital. Las autoridades también informaron que investigan si los activos virtuales generados pudieron haber sido utilizados para dar apariencia de legalidad a recursos relacionados con actividades ilícitas.

La dimensión de la infraestructura es lo primero que llama la atención. Desde mi perspectiva, la electricidad es todavía más importante que las computadoras.

La verdadera materia prima de la minería

Cuando hablamos de minería de criptomonedas solemos imaginar computadoras resolviendo complejos problemas matemáticos para generar Bitcoin u otros activos digitales.

La realidad económica es más sencilla: la minería es una actividad intensiva en energía.

El Cambridge Digital Mining Industry Report 2025 estima que la minería de Bitcoin consume aproximadamente 138 TWh de electricidad al año, equivalente a alrededor del 0.54% del consumo mundial de electricidad.

Pero hay una cifra todavía más importante: La electricidad representa más del 80% de los gastos operativos en efectivo de los mineros.

Cambridge reportó un costo mediano de aproximadamente US$45 por MWh exclusivamente en electricidad, frente a US$55.5/MWh considerando los costos operativos en efectivo totales.

Esto significa que, en términos económicos, la electricidad no es simplemente un insumo más.

Es uno de los factores que determina si una operación minera gana o pierde dinero.

¿Cuánto cuesta producir un Bitcoin?

Aquí conviene hacer una precisión: no existe un costo universal para producir un Bitcoin.

Depende del precio de la electricidad, eficiencia del hardware, dificultad de la red, hashrate, refrigeración, infraestructura, mantenimiento y otros factores.

Un estudio publicado por BestBrokers y difundido por Cointelegraph/TradingView estimó que, bajo las condiciones de electricidad comercial de Estados Unidos utilizadas en diciembre de 2025, producir un Bitcoin requería aproximadamente US$130,000 solamente en electricidad, alrededor de 41% por encima del precio de mercado utilizado en ese análisis. El cálculo utilizó un precio promedio de electricidad comercial de US$0.141/kWh.

Este dato no debe extrapolarse directamente a Puebla. Pero sí demuestra algo fundamental: el precio de la electricidad puede cambiar completamente la economía de la minería.

Y aquí comienza la pregunta incómoda.

¿Qué sucede si la electricidad es muy barata?

Supongamos dos operadores con exactamente el mismo hardware.

El primero paga electricidad a precio de mercado.

El segundo consigue electricidad considerablemente más barata.

Los dos tienen prácticamente la misma capacidad de cómputo, pero sus estructuras de costos son radicalmente diferentes.

Ahora llevemos la hipótesis un paso más lejos:

¿Qué ocurriría si una operación obtuviera electricidad de manera irregular o ilegal?

En ese escenario, una parte sustancial del costo de producción dejaría de ser absorbida por el operador.

No estoy afirmando que eso haya ocurrido en Tlaola.

Estoy señalando que el origen, costo y legalidad del suministro eléctrico deberían ser una de las líneas centrales de cualquier investigación sobre una instalación de minería de gran escala.

El antecedente de Nuevo Necaxa

Y aquí Puebla tiene un antecedente que no podemos ignorar.

En abril de 2025, N+ reportó la localización de granjas de criptomonedas en Nuevo Necaxa, municipio de Juan Galindo, que presuntamente utilizaban conexiones clandestinas a la red eléctrica de la Comisión Federal de Electricidad.

La información publicada señalaba que las instalaciones estaban equipadas con transformadores trifásicos capaces de alimentar hasta 100 viviendas, y que las autoridades investigaban el posible robo de electricidad utilizado para alimentar las operaciones de minería.

El propio reporte utilizó la expresión “huachicoleo eléctrico” para describir el fenómeno investigado.

Por eso, cuando aparece ahora un nuevo aseguramiento en Tlaola, también en la Sierra Norte, resulta inevitable preguntarnos si estamos observando hechos aislados o si existe un fenómeno regional que merece estudiarse.

¿Por qué precisamente la Sierra Norte?

Aquí aparece otra pieza del rompecabezas.

La Sierra Norte de Puebla tiene una característica energética excepcional: una importante infraestructura hidroeléctrica asociada a una región con abundantes recursos hídricos.

La presa de Necaxa y el sistema hidroeléctrico asociado forman parte de una infraestructura histórica de generación eléctrica.

Un documento parlamentario identifica una cuenca hidroeléctrica de Necaxa de aproximadamente 41,691.5 hectáreas, que abarca municipios de Puebla e Hidalgo, entre ellos Tlaola, Juan Galindo, Huauchinango, Chiconcuautla, Xicotepec y otros. El mismo documento reporta para la presa de Necaxa una capacidad instalada de 300 MW y almacenamiento de aproximadamente 1,500 millones de metros cúbicos.

Además, el inventario de ICOLD México identifica tanto la presa Necaxa en Juan Galindo como la infraestructura del río Nexapa en Tlaola dentro de instalaciones destinadas a generación eléctrica.

Esto no significa que una granja de criptomonedas tenga acceso automático a esa energía.

Agua no significa electricidad gratis.

Pero sí significa que existe una infraestructura energética regional que merece ser considerada cuando analizamos la localización de una actividad cuyo principal costo operativo es precisamente la electricidad.

Foto: La Jornada de Oriente.

Agua → electricidad → cómputo → activos digitales

La hipótesis puede expresarse de manera sencilla:

💧 Recursos hídricos

Generación hidroeléctrica

🔌 Infraestructura eléctrica

🖥️ Cómputo intensivo

⛓️ Blockchain

Activos digitales

💰 Valor económico

Esto no demuestra una relación criminal, pero sí permite plantear una pregunta económica perfectamente válida:

¿Qué tan atractiva resulta una región con infraestructura eléctrica y disponibilidad energética para una actividad cuyo principal costo operativo es la electricidad?

Cambridge encontró, además, que la energía hidroeléctrica representa 23.4% del mix energético reportado por los mineros encuestados, mientras que las fuentes sostenibles en conjunto representaron 52.4%.

La minería busca electricidad competitiva y eso hace que la geografía energética importe.

¿Y los trabajadores de CFE?

Aquí encontramos otro elemento histórico que debe manejarse con mucha cautela.

En 2019, CFE explicó que la energía eléctrica proporcionada a trabajadores de base como prestación laboral estaba contemplada en su contrato colectivo, con un beneficio de hasta 350 kWh mensuales, y que el excedente debía ser cubierto por el trabajador.

Esto no significa que los trabajadores de CFE tengan autorización para utilizar esa prestación en operaciones comerciales o para minería de criptomonedas, ni demuestra ninguna relación con el caso de Tlaola.

Pero desde el punto de vista de inteligencia e investigación, sí plantea preguntas que podrían ser verificadas documentalmente:

¿Quién era el titular del suministro eléctrico?

¿Qué contrato existía?

¿Qué medidor alimentaba el inmueble?

¿Cuál era su consumo histórico?

¿Coincidía el consumo registrado con la actividad declarada?

¿Existían conexiones, transformadores o contratos relacionados con trabajadores o ex trabajadores del sector eléctrico?

Estas preguntas no acusan a nadie.

Permiten reconstruir la cadena energética.

¿Realmente estaban minando Bitcoin?

Aquí aparece otro detalle técnico que considero fundamental. El comunicado oficial habla de aproximadamente 300 equipos especializados identificados como GPU. Pero GPU y ASIC no son lo mismo.

Bitcoin utiliza actualmente hardware ASIC especializado para ejecutar el algoritmo SHA-256 de manera competitiva. Las GPU, por su parte, son procesadores de propósito más general y han sido utilizadas históricamente para otros algoritmos y activos digitales.

Por eso no deberíamos asumir automáticamente: 300 GPU = 300 mineros de Bitcoin.

La pregunta correcta es: ¿Qué hardware encontraron exactamente y qué algoritmo estaba ejecutando?

Una investigación técnica debería identificar:

  • fabricante y modelo del hardware;
  • cantidad real de GPU o ASIC;
  • consumo eléctrico por equipo;
  • sistema operativo;
  • software de minería;
  • algoritmo;
  • mining pool;
  • servidores de administración;
  • direcciones de las wallets;
  • activos digitales generados;
  • exchanges utilizados;
  • registros de red;
  • periodo de operación.

Ahí es donde la informática forense comienza a ser realmente interesante.

La blockchain también deja huellas

Existe una idea muy extendida de que las criptomonedas son completamente anónimas.

No necesariamente.

Muchas blockchains públicas son pseudónimas: las transacciones quedan registradas públicamente, aunque una dirección no revele automáticamente la identidad de su propietario.

Una investigación especializada puede intentar reconstruir:

wallet → transacción → wallet relacionada → exchange → cuenta → identidad

utilizando análisis blockchain y correlacionándolo con evidencia adicional: registros de exchanges, KYC, direcciones IP, dispositivos, comunicaciones, documentación financiera y otros elementos.

Por eso, si en Tlaola realmente se generaron activos virtuales, una de las preguntas más importantes será: ¿A qué wallets fueron enviados?

Y después:¿Qué ocurrió con ellos?

La verdadera investigación está en la cadena completa

Desde mi perspectiva, el caso no debería analizarse únicamente como un aseguramiento de “computadoras para minar criptomonedas”.

Hay al menos cinco capas que deben correlacionarse:

1. Infraestructura eléctrica

Transformadores, acometidas, medidores, capacidad, consumo y contratos.

2. Infraestructura tecnológica

GPU, ASIC, servidores, switches, routers, sistemas de refrigeración y almacenamiento.

3. Infraestructura de comunicaciones

Internet, IP, VPN, antenas satelitales, servidores y conexiones con pools de minería.

4. Blockchain

Wallets, transacciones, activos generados y movimientos posteriores.

5. Inteligencia financiera

Origen del capital, propietarios, beneficiarios, exchanges, conversiones a moneda fiduciaria y destino final de los recursos.

El verdadero mapa sería:

ELECTRICIDAD → 🖥️ CÓMPUTO → ⛓️ BLOCKCHAIN → ACTIVOS → 💰 DINERO

Y cada flecha deja evidencia.

¿Huachicol eléctrico?

Aquí es donde podemos utilizar la expresión que ya forma parte del debate público, pero con responsabilidad.

“Huachicol eléctrico” no debería convertirse en una conclusión antes de que exista una investigación que determine si hubo sustracción, alteración de infraestructura, conexiones irregulares, manipulación de medición u otra conducta ilícita.

Pero la expresión describe bastante bien la hipótesis económica:

Utilizar electricidad obtenida ilegalmente para producir un activo con valor económico.

En el huachicol tradicional, el recurso energético se sustrae y posteriormente se comercializa.

En una hipótesis de minería ilícita, la electricidad podría transformarse mediante capacidad computacional en activos digitales.

La cadena conceptual sería: electricidad → hash → blockchain → activo digital → dinero.

Por eso la pregunta merece ser planteada.

 

¿Acaso Puebla se está convirtiendo en la cuna del “huachicol eléctrico”?

No lo sabemos y sería irresponsable afirmarlo sin evidencia, ya que tenemos varios elementos objetivos:

300 equipos GPU reportados en Tlaola.

80 terminales de media tensión.

8 antenas de internet satelital.

Un transformador de pedestal.

Un antecedente de granjas de criptomonedas con conexiones eléctricas clandestinas en Nuevo Necaxa.

Una región con infraestructura hidroeléctrica histórica.

Una actividad cuyo costo operativo está dominado por la electricidad.

Y un dato global que resulta difícil ignorar:

Más del 80% de los gastos operativos en efectivo de los mineros corresponde a electricidad.

Entonces quizá la pregunta más importante sea:

“¿Cuánto costaba la electricidad que utilizaban, quién la pagaba y de dónde provenía?”

Porque si queremos entender el verdadero negocio, tenemos que seguir el dinero.

Y antes de seguir el dinero, quizá tengamos que seguir los electrones.

Saludos cordiales

Daniel Santin.

Fuentes y referencias

  • Gobierno del Estado de Puebla. Comunicado SSP 183/2026 sobre el aseguramiento en Tlaola.
  • Cambridge Centre for Alternative Finance. Cambridge Digital Mining Industry Report 2025.
  • N+. Reporte sobre granjas de criptomonedas y conexiones clandestinas en Nuevo Necaxa, Puebla, abril de 2025.
  • Milenio. Israel Velázquez, “Criptomonedas y huachicoleo de electricidad”.
  • TradingView / Cointelegraph. Estimación del costo energético de producir Bitcoin bajo condiciones de electricidad comercial en Estados Unidos.
  • Cámara de Diputados / Sistema de Información Legislativa. Información sobre la cuenca hidroeléctrica de Necaxa.
  • ICOLD México. Inventario de presas e infraestructura hidroeléctrica de Necaxa/Tlaola.
  • XEVT. Información de 2019 sobre la prestación de energía eléctrica a trabajadores de CFE.

MacroMicro. Serie de costo total de producción de Bitcoin. Bitcoin Production Total Cost — MacroMicro

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