La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025 del INEGI confirma una tendencia positiva para México: cada vez más personas utilizan internet. Sin embargo, detrás de las cifras de crecimiento se esconde una realidad que debería preocupar a gobiernos, empresas, universidades y organizaciones de la sociedad civil.

La conectividad avanza, pero la inclusión digital no necesariamente lo hace al mismo ritmo.

Más usuarios de internet que nunca

En 2025, el 86.1% de la población mexicana de seis años o más utiliza internet. Esto representa aproximadamente 104.9 millones de personas y un crecimiento sostenido respecto a los últimos años.

La evolución es notable:

  • 2022: 78.6%
  • 2023: 81.2%
  • 2024: 83.1%
  • 2025: 86.1%

En apenas tres años, México incorporó cerca de 11.8 millones de nuevos usuarios de internet.

A primera vista, la noticia parece completamente positiva. Sin embargo, la lectura estratégica de los datos obliga a observar a quienes siguen quedando fuera.

Usuarios de internet en México: 86.1% (104.9 millones de personas) en 2025.

Personas que no usan internet: aproximadamente 17 millones.

Uso de internet en zonas urbanas: 88.9%.

Uso de internet en zonas rurales: 75.2%.

Hogares sin internet: 8.6 millones, equivalentes al 21.7% de los hogares mexicanos.

Entre quienes no usan internet, las principales razones son: no saber utilizarlo, falta de interés percibido, falta de acceso y limitaciones económicas.

Los desconectados son cada vez menos… pero también más vulnerables

Aun cuando el porcentaje nacional alcanza 86.1%, todavía existen alrededor de 17 millones de personas que no utilizan internet.

Y aquí aparece el principal hallazgo de la ENDUTIH 2025.

Históricamente, las personas que no usan internet suelen coincidir con los grupos que presentan mayores rezagos educativos, menores ingresos, mayores dificultades para acceder a servicios de salud, menor inclusión financiera y menores oportunidades laborales.

La brecha digital ya no es solamente tecnológica.

Es una manifestación de otras brechas estructurales.

Mientras más crece la conectividad nacional, la población desconectada se concentra cada vez más en grupos históricamente excluidos. Esto significa que cada nuevo punto porcentual de crecimiento es más difícil de alcanzar que el anterior.

No estamos frente a una brecha que desaparece; estamos frente a una brecha que se endurece.

La diferencia urbano-rural sigue siendo enorme

Uno de los datos más reveladores es la diferencia entre zonas urbanas y rurales.

En 2025:

  • 88.9% de la población urbana utiliza internet.
  • 75.2% de la población rural utiliza internet.

La distancia sigue siendo de 13.7 puntos porcentuales.

Aunque las zonas rurales han mostrado avances importantes durante los últimos años, continúan enfrentando barreras relacionadas con infraestructura, cobertura, accesibilidad económica y habilidades digitales.

Además, la brecha no sólo se refleja en el acceso, sino también en el tipo de uso.

Las personas usuarias urbanas realizan significativamente más actividades relacionadas con gobierno digital, comercio electrónico, banca digital, pagos en línea, servicios en la nube y acceso a contenidos educativos.

La diferencia ya no consiste únicamente en estar conectado, sino en aprovechar las oportunidades que genera la conectividad.

Puebla, Tlaxcala y Guerrero: algunos avances, retos persistentes

Los resultados estatales muestran que Puebla, Tlaxcala y Guerrero registraron mejoras en diversos indicadores de conectividad durante 2025, sin embargo siguen estando muy lejos de la CDMX, Nuevo León o Baja California.

Esto confirma que la expansión de infraestructura, la adopción de teléfonos inteligentes y la reducción gradual de barreras de acceso continúan generando resultados positivos.

Sin embargo, estos tres estados comparten una característica que debe analizarse con atención: también concentran importantes rezagos sociales en materia educativa, económica y territorial.

Por ello, la política digital no puede limitarse a instalar más antenas o ampliar la cobertura de internet.

La verdadera transformación digital requiere actuar simultáneamente sobre:

  • Educación digital.
  • Alfabetización tecnológica.
  • Inclusión financiera.
  • Servicios digitales de salud.
  • Gobierno digital.
  • Desarrollo económico local.

De lo contrario, la conectividad terminará reproduciendo las mismas desigualdades que ya existen fuera del entorno digital.

El desafío de la próxima década

Durante muchos años, el objetivo consistió en conectar a la mayoría de la población.

México está cerca de lograrlo.

El nuevo desafío es mucho más complejo: conectar a quienes enfrentan múltiples formas de exclusión al mismo tiempo.

La ENDUTIH 2025 demuestra que el país avanza en cobertura y adopción tecnológica. Pero también confirma que la población que permanece fuera del ecosistema digital es, precisamente, la que más necesita los beneficios de la transformación digital.

Por ello, la brecha digital ya no debe entenderse únicamente como un problema de acceso a internet.

Es un problema de desarrollo humano.

Y mientras no logremos cerrar las brechas educativas, económicas, territoriales y de capacidades digitales, la brecha tecnológica seguirá siendo el reflejo visible de desigualdades mucho más profundas.

El hecho de que solamente el 35.7% de las personas usuarias de internet interactúe con el gobierno demuestra que la digitalización gubernamental sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes del país. Mientras la ciudadanía adopta rápidamente herramientas digitales para comunicarse, entretenerse, estudiar, trabajar, comprar o realizar operaciones bancarias, el gobierno continúa rezagado en la generación de valor público digital. La baja utilización de servicios gubernamentales en línea no es únicamente un problema tecnológico; es una señal de que millones de personas siguen enfrentando barreras burocráticas, procesos complejos y servicios digitales poco centrados en el usuario. En un contexto donde la conectividad nacional alcanzó 86.1%, el desafío ya no es conectar a la población, sino convertir esa conectividad en acceso efectivo a derechos, servicios y oportunidades mediante un verdadero ecosistema de gobierno digital.

La brecha digital del siglo XXI ya no separa únicamente a quienes tienen internet de quienes no lo tienen; separa a quienes pueden participar plenamente en la economía, la educación, la salud y el gobierno digital de quienes corren el riesgo de quedar permanentemente rezagados. En Puebla, Tlaxcala, Guerrero y gran parte del país, el desafío no es tecnológico sino de desarrollo. Los territorios que no logren acelerar su digitalización enfrentarán mayores niveles de pobreza, menor innovación, menor productividad, mayores riesgos de ciberfraude y una creciente dificultad para competir en una economía impulsada por los datos, la inteligencia artificial y los servicios digitales. La verdadera transformación digital no consiste en conectar a más personas, sino en garantizar que la tecnología contribuya efectivamente a mejorar su bienestar, sus oportunidades y su calidad de vida.

Saludos cordiales.

Daniel Santin.

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