La advertencia sobre pantallas, educación digital y el futuro de la inteligencia
Durante cerca de dos siglos, la humanidad vivió una tendencia extraordinaria: cada generación parecía obtener mejores resultados que la anterior en pruebas de inteligencia y capacidades cognitivas. Ese fenómeno es conocido como el efecto Flynn.
Pero los datos que se han acumulado durante las últimas décadas muestran que esa tendencia se detuvo. Y en varios países y dominios cognitivos, comenzó a retroceder. La situación es especialmente relevante para quienes trabajamos en educación, tecnología, inteligencia artificial y protección digital de niñas, niños y adolescentes.
Porque estamos ante una paradoja histórica:
Nunca habíamos tenido tanto acceso a información, tanta tecnología en las escuelas y tantos años de educación formal. Sin embargo, indicadores internacionales muestran estancamiento y retrocesos en capacidades fundamentales como lectura, matemáticas, razonamiento y resolución de problemas.
La pregunta ya no es únicamente cuánto tiempo pasan nuestros hijos frente a una pantalla, la pregunta es mucho más profunda:
¿Qué está ocurriendo con el desarrollo cognitivo de una generación que pasa una parte creciente de su vida conectada a dispositivos digitales?
Proteger la mente también es protección digital
Hablamos habitualmente de ciberseguridad, privacidad, fraudes, redes sociales, inteligencia artificial y riesgos en Internet, pero existe otra dimensión de la protección digital que merece la misma atención:
proteger la capacidad de pensar.
Una niña o un niño puede tener todas sus cuentas protegidas con contraseñas, controles parentales y autenticación multifactor, pero seguir siendo vulnerable si no desarrolla:
- atención sostenida;
- comprensión profunda;
- memoria;
- pensamiento crítico;
- capacidad de análisis;
- criterio para distinguir información de manipulación;
- y autonomía para resolver problemas.
En enero de 2026, esta discusión llegó al Senado de Estados Unidos y los datos presentados deberían preocuparnos.
El efecto Flynn se detuvo y comenzaron a aparecer retrocesos
Durante gran parte del siglo XX, las puntuaciones promedio en pruebas de inteligencia aumentaron generación tras generación.
El fenómeno fue documentado en numerosos países y popularizado como el efecto Flynn. Las mejoras se asociaron con cambios ambientales como una mayor escolarización, mejor nutrición, mejores condiciones de salud y transformaciones en los entornos de aprendizaje.
Sin embargo, esa tendencia comenzó a cambiar.
Una investigación publicada en 2018 en Proceedings of the National Academy of Sciences analizó datos de 817,611 observaciones de cohortes masculinas noruegas nacidas entre 1962 y 1991.
Los resultados mostraron una reversión medible: el IQ promedio pasó de 99.5 en la cohorte de 1962 a 102.3 en la de 1975, para después descender hasta 99.4 en la cohorte de 1989.
La investigación concluyó que tanto el aumento como el posterior descenso podían observarse dentro de las mismas familias, lo que identificó un cambio asociado con factores ambientales y no simplemente con cambios en la composición genética de la población.
En otras palabras:
El efecto Flynn no continuó indefinidamente. En varias poblaciones comenzó a detenerse y, posteriormente, a revertirse.
La advertencia ante el Senado de Estados Unidos
El 15 de enero de 2026, el neurocientífico y educador Dr. Jared Cooney Horvath, PhD, MEd, compareció ante el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado de Estados Unidos.
La audiencia se tituló:
“Plugged Out: Examining the Impact of Technology on America’s Youth”
En su testimonio escrito, Horvath presentó una afirmación contundente:
Durante las últimas dos décadas, el desarrollo cognitivo de niñas y niños en buena parte del mundo desarrollado se ha estancado y, en muchos dominios, ha retrocedido.
Su resumen ejecutivo identifica descensos en:
- alfabetización;
- numeracia;
- atención;
- razonamiento de orden superior.
También señala estancamiento o deterioro en indicadores de:
- resolución de problemas;
- creatividad;
- y rendimiento cognitivo general entre adolescentes.
Todo esto ocurrió a pesar de un aumento en la asistencia escolar y en la inversión pública en educación.
La pregunta, entonces, es inevitable:
¿Cómo es posible que una generación tenga más años de educación y más acceso a tecnología, pero presente peores resultados en capacidades fundamentales?
Las pantallas entraron masivamente al aula
Horvath identifica un cambio estructural que distingue a las aulas actuales de las generaciones anteriores:
la expansión rápida y masiva de la tecnología educativa.
Computadoras personales.
Tabletas.
Programas uno a uno.
Plataformas en la nube.
Evaluaciones digitales.
Software adaptativo.
Tareas en línea.
Conectividad permanente.
Todo esto pasó de ser complementario a convertirse en una parte central del entorno educativo.
Según los datos presentados en su testimonio, más de la mitad de los niños utiliza una computadora en la escuela entre una y cuatro horas al día.
Y una cuarta parte pasa más de cuatro horas frente a pantallas durante una jornada escolar típica de siete horas.
Pero hay un dato todavía más preocupante.
Los estudios citados en el testimonio indican que los estudiantes pueden permanecer fuera de la tarea hasta 38 minutos de cada hora cuando trabajan con dispositivos digitales en el aula.
Es decir:
Más de la mitad del tiempo potencialmente disponible frente al dispositivo puede terminar sin estar dedicado realmente al aprendizaje.
Más pantalla, menor rendimiento
Horvath revisó datos de algunas de las evaluaciones educativas internacionales más importantes del mundo:
PISA
TIMSS
PIRLS
Estas evaluaciones reúnen datos de millones de estudiantes y permiten comparar resultados durante décadas.
El patrón presentado en el testimonio es directo.
PISA
Entre los estudiantes de 15 años, una mayor exposición diaria a computadoras en el aula se relaciona con menores resultados en:
- lectura;
- matemáticas;
- ciencias.
TIMSS
Entre estudiantes más jóvenes, el uso frecuente de computadoras en clase se relaciona con un menor desempeño en:
- matemáticas;
- ciencias.
PIRLS
Los datos históricos muestran peores resultados de lectura entre estudiantes con una mayor utilización de computadoras en el aula.
La conclusión presentada por Horvath es contundente:
La exposición intensa a pantallas en el aula no está mejorando el aprendizaje a gran escala.
PISA 2022: uno de cada tres estudiantes se distrae con dispositivos digitales
Los datos de PISA 2022, publicados por la OCDE, ofrecen una cifra concreta.
En promedio entre los países de la OCDE:
30% de los estudiantes reportó distraerse con dispositivos digitales en la mayoría o en todas sus clases de matemáticas.
Además:
25% reportó distraerse por otros estudiantes que estaban utilizando dispositivos digitales.
La consecuencia también aparece en los resultados.
Los estudiantes que reportaron distraerse con dispositivos en la mayoría o en todas las clases de matemáticas obtuvieron, en promedio:
15 puntos menos en matemáticas
que quienes reportaron que esto nunca o casi nunca ocurría, incluso después de considerar factores socioeconómicos y escolares.
El problema no es únicamente el dispositivo.
Es lo que el dispositivo permite hacer simultáneamente:
- revisar mensajes;
- abrir otras aplicaciones;
- consultar redes sociales;
- cambiar constantemente de tarea;
- navegar por contenido no relacionado;
- responder notificaciones;
- y saltar continuamente entre estímulos.
Todo esto tiene un costo cognitivo.
El cerebro humano no evolucionó para aprender cambiando de tarea cada pocos segundos
El mecanismo descrito por Horvath es fundamental.
La atención humana funciona mejor cuando puede concentrarse en una tarea.
Pero las plataformas digitales están diseñadas alrededor de:
- novedad;
- velocidad;
- notificaciones;
- desplazamiento continuo;
- cambios rápidos de contexto;
- y captura constante de atención.
Cada interrupción obliga al cerebro a cambiar de contexto.
Ese cambio produce tres costos principales:
1. Pérdida de tiempo
Cada transición entre tareas tiene un costo de procesamiento.
2. Mayor número de errores
La interferencia entre tareas reduce la precisión.
3. Peor formación de recuerdos
La fragmentación de la atención debilita la codificación profunda de la información.
Horvath describe un problema estructural:
La forma en que las plataformas digitales capturan y fragmentan la atención entra en conflicto con la forma en que el aprendizaje profundo requiere concentración sostenida.
Las pantallas favorecen el procesamiento superficial
El testimonio también presenta resultados sobre lectura y escritura.
La evidencia recopilada indica que la comprensión y retención de información son más fuertes al leer textos complejos y extensos en papel que en pantalla.
Una síntesis de meta-análisis citada en el testimonio, con 10 meta-análisis y 377 estudios, mostró una diferencia negativa para la comprensión lectora en pantalla frente al papel.
El mismo patrón aparece en la toma de apuntes.
Escribir a mano supera a tomar apuntes con una computadora portátil en aprendizaje de largo plazo.
La razón es cognitiva.
Cuando una persona escribe a mano no puede transcribir todo.
Tiene que:
- seleccionar;
- resumir;
- organizar;
- y transformar la información.
Esas operaciones obligan al cerebro a procesar el contenido.
El teclado, en cambio, facilita una transcripción mucho más literal y rápida.
Más velocidad no significa más aprendizaje.
El problema no es que los jóvenes no sepan usar tecnología
Aquí aparece una de las grandes confusiones de nuestra época.
La actual generación puede ser extraordinariamente competente para utilizar interfaces digitales.
Puede aprender rápidamente una nueva aplicación.
Editar video.
Crear contenido.
Utilizar redes sociales.
Manejar teléfonos inteligentes.
Interactuar con inteligencia artificial.
Pero eso no significa necesariamente que posea una mayor competencia tecnológica o cognitiva.
Hay una diferencia fundamental entre tres niveles:
1. Saber utilizar una aplicación
2. Comprender la tecnología
3. Desarrollar la capacidad cognitiva para analizar, resolver y crear
Un adolescente puede manejar perfectamente un teléfono de última generación y no saber:
- organizar un sistema de archivos;
- verificar una fuente;
- distinguir información de desinformación;
- comprender cómo funciona una red;
- resolver un problema técnico;
- mantener una atención sostenida;
- leer un texto extenso;
- o desarrollar un argumento sin recurrir inmediatamente a una herramienta digital.
La tecnología se ha vuelto tan fácil de usar que permite utilizar sistemas extraordinariamente complejos sin necesidad de comprenderlos.
Y esa facilidad tiene una consecuencia:
Podemos convertirnos en usuarios intensivos de tecnología sin convertirnos necesariamente en personas más capaces de pensar.
La inteligencia artificial puede profundizar el problema
La llegada de la inteligencia artificial generativa introduce una nueva variable.
Hoy una persona puede pedirle a una IA que:
- lea por ella;
- resuma por ella;
- escriba por ella;
- investigue por ella;
- programe por ella;
- traduzca por ella;
- y resuelva problemas por ella.
Esto tiene un enorme potencial.
Pero también crea un riesgo educativo evidente:
una generación que delega sistemáticamente sus procesos cognitivos fundamentales puede terminar practicando menos las habilidades que necesita conservar.
La IA debe convertirse en una herramienta para ampliar las capacidades humanas.
No en un sustituto permanente del pensamiento.
El riesgo no es utilizar inteligencia artificial.
El riesgo es utilizarla antes de haber desarrollado las capacidades que permiten cuestionar, verificar y supervisar sus respuestas.
La generación más conectada enfrenta un problema de atención
La propia convocatoria de la audiencia del Senado aportó otro dato revelador.
En Estados Unidos, los preadolescentes pasan en promedio alrededor de:
5 horas diarias frente a pantallas
Los adolescentes superan:
8 horas diarias
Y eso ocurre fuera del tiempo que muchos de ellos también pasan utilizando computadoras y tabletas para actividades escolares.
Estamos hablando de una generación que puede pasar más de la mitad de su tiempo despierta expuesta a pantallas, plataformas, contenidos y sistemas diseñados para competir por su atención.
La atención se ha convertido en el recurso más disputado de la economía digital.
Y la infancia está en el centro de esa disputa.
Las consecuencias no terminan en la escuela
El testimonio presentado ante el Senado advierte que una disminución sostenida en el desarrollo de capacidades cognitivas puede tener consecuencias a largo plazo en:
- productividad;
- adaptación laboral;
- innovación científica y tecnológica;
- razonamiento cívico;
- confianza institucional;
- competitividad económica;
- salud y bienestar.
Esto transforma el debate.
Ya no estamos hablando simplemente de si un niño debe usar una tableta durante una clase.
Estamos hablando de capital humano.
De la capacidad futura de una sociedad para:
- innovar;
- resolver problemas complejos;
- desarrollar ciencia;
- tomar decisiones;
- y mantener pensamiento crítico en un entorno dominado por algoritmos e inteligencia artificial.
Cyber Club y Niñez Digital: el siguiente paso es proteger la capacidad de pensar
La ciberseguridad infantil no debe limitarse a bloquear contenido.
La educación digital no debe limitarse a enseñar a utilizar aplicaciones.
Y la transformación digital de las escuelas no puede medirse por el número de tabletas entregadas.
En Cyber Club y Niñez Digital proponemos una visión más amplia:
Proteger la identidad digital.
Proteger los datos.
Proteger la privacidad.
Proteger la seguridad en línea.
Y proteger la capacidad cognitiva de niñas, niños y adolescentes.
Necesitamos formar una generación que utilice la tecnología sin convertirse en dependiente de ella.
Que utilice inteligencia artificial, pero que pueda cuestionarla.
Que tenga acceso a toda la información del mundo, pero que sepa comprenderla.
Que use pantallas, pero que conserve la capacidad de concentrarse sin ellas.
Que conozca las plataformas digitales, pero que no entregue completamente su atención a los algoritmos.
Porque el desafío del futuro no será solamente enseñar a nuestros hijos a utilizar tecnología.
La tecnología será cada vez más sencilla de utilizar.
El verdadero desafío será enseñarles a conservar aquello que ninguna pantalla debería sustituir:
su atención.
su criterio.
su memoria.
su capacidad de análisis.
y su capacidad de pensar.
Pónganse a estudiar… pero también aprendamos a enseñar de nuevo
El meme que afirma que las nuevas generaciones son menos inteligentes que sus padres puede ser una simplificación provocadora.
Pero detrás de esa provocación existe una discusión científica y educativa real.
El efecto Flynn dejó de ser una tendencia lineal.
Existen retrocesos documentados en puntuaciones cognitivas en determinadas cohortes.
Los indicadores internacionales muestran deterioros en habilidades académicas fundamentales.
Y el neurocientífico Jared Cooney Horvath presentó ante el Senado de Estados Unidos evidencia de que, durante las últimas dos décadas, el desarrollo cognitivo infantil se ha estancado y revertido en múltiples dominios, mientras la expansión masiva de las pantallas y la tecnología educativa ha transformado las aulas.
El mensaje no es abandonar la tecnología.
Es dejar de asumir que más tecnología significa automáticamente mejor educación.
Porque tener una pantalla en cada pupitre no garantiza una mente mejor preparada.
Tener acceso instantáneo a toda la información del mundo no garantiza comprensión.
Y tener una inteligencia artificial capaz de responder casi cualquier pregunta no garantiza que conservemos la capacidad de formular las preguntas correctas.
Quizá la habilidad más importante del futuro será algo que estamos empezando a perder:
La capacidad de concentrarnos el tiempo suficiente para pensar profundamente.
Saludos cordiales.
Daniel Santin.
Fuentes verificables
U.S. Senate Committee on Commerce, Science, and Transportation.
Plugged Out: Examining the Impact of Technology on America’s Youth. Audiencia del 15 de enero de 2026.
Dr. Jared Cooney Horvath, PhD, MEd.
Written Testimony Before the U.S. Senate Committee on Commerce, Science, and Transportation, 2026.
OECD.
PISA 2022 Results, Volúmenes I y II.
Bratsberg, B. & Rogeberg, O.
Flynn effect and its reversal are both environmentally caused. Proceedings of the National Academy of Sciences, 2018.
Nordmo, M., Nøttestad Norrøne, T. & Lang-Ree, O. C.
Reevaluating the Flynn effect, and the reversal: Temporal trends and measurement invariance in Norwegian armed forces intelligence scores. Intelligence, 2025.